Un ejército de tolas

spot_img

Para Galo

No muchas personas saben lo que son las tolas. Es muy probable que las nuevas generaciones jamás hayan escuchado esa palabra, o que las asocien con los tazos. Pero ese es otro juego. 

Las tolas son unos muñecos que salieron a principios de los años 2000 inspirados en el animé Digimon y que se incluían en los paquetes de papas fritas y otros snacks. Yo nunca había comprado de esas papas pero, aun así, tuve un ejército de tolas y tuve que enfrentar ataques inesperados y librar batallas cruentas alguna que otra tarde de invierno.

Defender el territorio conquistado en la última contienda iba a ser el gran desafío de ese día. El enemigo se estaba reagrupando detrás de la maceta: una zona de frondosa vegetación protegida por la abuela, vieja sabia y quisquillosa, guardiana espiritual de todo potus y helecho, pero que no tenía ninguna piedad con las comunidades que los habitaban.

Mi batallón de tolas había quedado bastante menguado después de las últimas escaramuzas en la mesita del living, pero nuestro comandante, la tola metalizada, tenía mucha experiencia militar y era famoso por diseñar hábiles estrategias para hacer frente a los constantes desafíos que el enemigo imponía.

El enemigo: dos líderes despiadados de cinco o seis años a cargo de un ejército que ahora nos superaba en número, colores y formas. Yo guiaba a las verdes y naranjas; ellos tenían las rojas, amarillas, azules y las temidas transparentes. Uno de sus comandantes, la tola que brilla en la oscuridad, era un sanguinario veterano conocido en la comarca por no rendirse ni en las más dolorosas circunstancias. La otra era una hermosa tola violeta, de formas suaves, muy poco apta para la batalla. 

Mi comandante metalizado creía que ahí estaba nuestra oportunidad.

Los primeros disparos llegaron poco después del último mate. Una de las grandes ventajas de las tolas en la guerra es que, además de soldados, también son proyectiles, pero hay que saber que el proyectil que no destruye se une como soldado al bando enemigo y los cañonazos menos certeros terminan engrosando el batallón contrario.

Las bombas de colores cayeron primero en la zona de los souvenires. Desde el estante superior del modular vimos desplomarse al león dormido del primer añito del nene, el conejo de porcelana fría, recuerdo del nacimiento de la nena y una canastita primorosa de alguna comunión.  Nuestro comandante ordenó agruparnos detrás del caballito de cerámica y responder a los ataques con las primeras tolas verdes, las más raspadas y deslucidas. 

Disparamos a la zona de los apuntes, los marcadores y las lapiceras en la mesa del comedor, donde el batallón de la tola violeta apenas podía refugiarse en un terreno tan bajo. Perdimos algunos buenos soldados en ese intento, pero también causamos mucho daño. La guerra había empezado.

Una numerosa guarnición del que brilla en la oscuridad avanzó saltando por las montañas de los respaldos de las sillas con una agilidad nunca vista, y antes de que pudiéramos recuperarnos ya teníamos una invasión en el estante de abajo. Un pequeño grupo de tolas naranjas fue enviado a repeler el ataque entre la botella de Gancia y el gallo alcancía. Los acribillaron. Muchos murieron en la contienda y otros fueron tomados prisioneros y convertidos en proyectiles que ya se estaban lanzando contra nuestro caballito.

Mientras tanto, el bombardeo constante que llegaba desde la zona de apuntes y de la inacabable fuente de tolas rojas y amarillas provenientes de la selva de la maceta, sembraba la destrucción en el nivel de los portarretratos. Las fotos del tío que vivía en el norte, los recuerdos del jardincito y algunos lejanos quince tambalearon hasta derrumbarse y aplastar con sus escombros lo que quedaba de las tolas verdes.

La violeta y el que brilla en la oscuridad se encontraron en el centro del campo de batalla y empezaron a marchar al frente de sus ejércitos. Se escuchaban, entre los disparos, los trompeteos y arengas de sus líderes.

De nuestro lado, solo quedaba un pequeño grupo de tolas naranjas para defender el fuerte del caballito, mientras un insondable grupo de violetas, amarillas, rojas – y ahora también verdes, raspadas y deslucidas -, se aproximaba cubriendo el territorio de la mesa del comedor, los estantes más bajos del modular, saltando por encima de los souvenires, el gallito alcancía, los portarretratos y el montón de recibos que había sido de los primeros terrenos abandonados.

No había chance para la rendición. El comandante metalizado rugió su grito de guerra y llamó a la batalla final. Las tolas naranjas abandonaron la seguridad del caballito y se abalanzaron sobre la marea de colores que llegaba rodando por las superficies, girando en el aire, cayendo sin control. 

Fue una masacre con efectos de sonido: voces de disparos, ruidos de golpes, quejas de dolor y suspiros de muerte. Nunca tuvimos oportunidad. El caballito fue copado por los ejércitos aliados. Subido a las crines pintadas de negro, el que brilla en la oscuridad desgarró el aire con carcajadas de victoria. 

Era casi de noche cuando se decretó el fin de la guerra. Ellos juntaron las tolas, a mi me tocó acomodar los adornos en el modular.


Triana Kossmann

Triana Kossmann
Triana Kossmann
Es comunicadora social. Nació en La Plata en 1981 y desde 2010 vive en Mar del Plata. Es co-fundadora de la plataforma digital www.revistaleemos.com, un portal periodístico dedicado íntegramente al mundo editorial. También trabaja en prensa institucional y realiza diferentes intervenciones radiales vinculadas con la literatura.

Acción coordinada

El tío decía que era hecho con IA, por...

Antes fueron otras

Me mira fijo. Me está mirando. Pero algo pasa.La...

Cuatro noches

El alojamiento que contratamos por una de esas plataformas...

El año que cambiaste

Nos habían mandado a baldear el patio temprano. Vos...

Lunar

Me harté de enganchármelo con el peine, me harté...

Por el trillito

Recién estaba queriendo amanecer cuando se escuchó desde afuera...

Un milagro

En mi casa nunca fuimos muy practicantes que digamos,...

Un tramo

Isabel no es muy ducha con el transporte público,...

Ver bailar

Ella rozagante, sonrisa que achina, pelo negrísimo, bucles grandes....

También te puede interesar

Cinco Lectores

UnoLa lectora entra en la confitería y elige una...

La tormenta

Isla de los Estados, 1902 Cuando la silueta del barco...

Pacto de amigos

Siempre fuimos cuatro. Va, tres y ella.Ella parecía ser...

Nagori (*)

Nagori (*)En la búsqueda de uno mismo, a veces...
Publicación Anterior