El dinero se ha descontrolado por completo. El mío y el del país todo. Como referencia nomás, el dólar está a $30. Capaz tenga que vender los poquitos que me quedan porque mi método holístico, del que se burlara la mujer de mi primo, está a punto de colapsar. En este momento no tengo un centavo en ninguna de mis cuentas. Me deben plata de un par de lugares y no parece que vayan a depositarla pronto. Vino una cuenta de electricidad de $3.350. Tuve que pedirle a mi papá para pagar una cuenta de teléfono de $890.
A F. no le habían depositado la asignación familiar, cuando me pasé al régimen de monotributo, me la derivaron a mí. Por suerte estaba en un Banco Ciudad de Recoleta, fui a buscarla y me dieron una tarjeta nueva. Son $1.578. De ahí gasté $143,90 en el Carrefour : queso crema, tapas de tartas y huevos y $130 en la verdulería por espinacas, cebollas, naranjas, mandarinas, bananas y un limón.
Por suerte, al llegar a casa, me encuentro con que Nina me había dejado hecha una milanesa y unas papas que devoré y me tomé el Palbociclib.
Al rato, mientras cocinaba unas tartas de espinaca para tener qué comer al volver de ensayar con Suárez, hubo un incidente con Nina, a quien le daba “paja” cortar las bananas para hacerse un postrecito con dulce de leche para ella y Juli. Me dio bronca, me enojé, encima que había traído las frutas y había dulce que compré el día anterior (todo ese acarreo constante), a ella le da “paja” cortar las bananas, ¡cómo puede ser!, odio la flojera. Después nos amigamos. Les preparé las bananas con dulce y las comieron.
Ana Luz Vallejos fue la primera persona a la que le escuché decir paja con el sentido que se usa ahora, era el año 2005 y ella todavía estaba en la secundaria. Era alumna mía en el Rojas.
Bajé la fecha de La confitería con mi banda solista. Me reservo con todas mis fuerzas para Suárez.
Ahora debería estar escribiendo cuentos. Ceci llegó a su casa en EEUU, me pregunta qué escribo: el diario amiga, el diario.
Rosario Bléfari

