Cerró la puerta del depto con llave. Abrió la puerta del ascensor, cerró la puerta del ascensor y volvió a abrir la puerta del depto, agarró los lentes de sol color lila, dudó y fue por los de carey. Bajando el ascensor sonrió al viejo del 9, el viejo del 9 hizo una mueca mirando el piso apresurándose a abrirle la puerta al llegar a planta baja. Con un buenos días dejó el edificio con los ojos del viejo del 9 en su espalda. Llegó a la cochera.
Hola Jorge.
Flaca acordate que ya es 10.
A la vuelta te traigo lo tuyo, que tengas un buen día. Puso primera y salió por Falucho.
En la primera bocacalle, frenó para mirar un mensaje que entraba al celu. En un grupo de wasap, una colega subía la foto de Micaela.
Micaela que ayer era Lucía.
Por un minuto sintió a las pibas muy cerca, muy vivas, más vivas que ella.
Volvió a tomar la calle hasta la ferretería.
Empalada, pensaba recordando las peores escenas de Shaka Zulú que tanto la habían impresionado.
¿Tenés cemento de obra?
¿Preparado lo querés?
Cemento de obra.
¿1kilo o 4kilos?
4kilos.
Decile al colocador que lo prepare.
¿No está ya preparado?
Decile que lo moje, dijo buscando un guiño entre sus compañeros.
Lo miró muda.
Son mucho 4 kilos para su muñeca lastimada. Apoya la bolsa en el capot y busca las llaves del auto. Ve el celular encendido y saca torpemente los lentes de la riñonera.
Un hombre al que abrazó acaba de subir una canción a youtube y la invita a escucharla.
Sube al auto y va hasta la obra, disfrutando de antemano una canción, una canción de amor de las de después del amor.
Suena el celu, es la abogada con voz sombría. El juicio salió mal, le dice. La instan a pagar 15 años de abogados por una deuda que ella reclamaba.
Quise decírtelo por teléfono, le dice la abogada.
Decir gracias le parece mucho.
Bien. ¿Me pasás por favor cuanto debo pagar de honorarios a mi parte y a la contraria? Me tranquilizaría saber de cuanto hablamos, estoy en el medio de una mudanza y con muchos gastos.
Corta. Estaciona el auto al borde de un cantero con plantines de salvia y menta que mojados huelen a infancia.
¿Trajiste el cemento? Le pregunta el pintor al entrar.
Está en el baúl… ¿podés bajarlo? me duele la muñeca…le da la llave.
Va al baño, se sienta en el inodoro sin abrir la tapa y busca youtube; quiere escuchar la voz dulce, la misma que escuchaba sin escuchar, quiere la caricia de ese timbre de voz.
Lo reconoce en los primeros acordes. El video no tiene una filmación sino una foto en la que luce triunfante como cuando practicaban matemáticas y le salía una cuenta, con ese gesto de haber hecho algo bien y dárselo al mundo. Suena la canción.
Te abandono, te abandono, te abandono, canta.
Siguen apareciendo fotos de Micaela en face. Micaela que ayer era Lucía.
Una experta dice “los violadores no son enfermos sino gozadores del abuso de poder”. Apaga el celular.
Sale del baño.
Trajiste el cemento común, le dice el pintor.
Me dijeron en la ferretería que era el preparado.
Te dijeron mal.
¿Podés prepararlo vos?
Va a tardar en secar y perdemos días…
Ya te traigo.
Busca en el piloto y las llaves del auto no aparecen, las dejó en el baño seguramente. Entra al baño y el espejo de punta a punta le devuelve un rostro similar al del día en que su abogada le informó que le hicieron una denuncia penal, el mismo deudor que para no pagar lo que en primera y segunda instancia habían ya sentenciado, abría en sede penal una nueva causa, ganando tiempos y acusándola de mentirosa.
El deudor que era deudor de su padre , no suyo, y del cual heredó el pleito.
¿La señora se casó alguna vez, pregunta el fiscal?
Sube al auto camino a la ferretería.
Empalada. No puede asociar el rostro de Lucía con las imágenes de Shaka Zulu, no puede. Lucía que hoy es Micaela.
Abre el celular y escribe: que el dolor se transforme en amor, jamás en daño.
¿La señora tiene hijos? pregunta el fiscal.
La señora es arquitecta soltera y sin hijos responde la abogada.
Para nosotros señorita, dice el fiscal.
Acá no se juzgaba una deuda. Ya lo sabía.
Estaciona en la puerta de la ferretería.
Hola, hace un rato llevé este cemento… ¿tenés del rápido?
¿Cuánto de rápido lo querés? Risitas detrás del mostrador.
Los mira muda.
Son 36 pesos més.
Acá te los dejo.
Vuelve al auto. Vuelve a la obra. Estaciona. Ni mira el celular. Llueve a cántaros, el agua baja por Castelli como queriendo limpiar la mugre de un barrio entero, el barrio al que se va a mudar. Por suerte hay pendiente. No soportaría tener estancada en la entrada de su casa las aguas de los vecinos.
Te abandono, te abandono, te abandono.
Tómalo como de quien viene le dice una amiga, solo te quiere lastimar.
Eso ya lo sabe.
Busca calma en aquella vieja llamada de la abogada, salió bien, la fiscal del penal no dio lugar y te declaró inocente y además le hizo un guiño al juzgado civil diciendo que deja constancia luego de los testimonios de los testigos, “de que la deuda con vos existe”.
Repite esas palabras “la deuda con vos existe”.
Piensa en los testigos que se jugaron por entero honrando a su padre muerto, a la amistad con su padre muerto. Gracias a ellos no prosperó el juicio penal. Pero el deudor sin darse por vencido y seguro de su poder para no pagar lo que debe le armó un nuevo juicio civil, anulatorio de los juicios ganados.
Necesitamos otra vez que testifiquen, le dice su abogada.
No puedo volver a llamarlos, están mal de salud uno es muy mayor y me dijo su mujer que esto lo pone muy mal y el más joven acaba de salir de una operación difícil, no voy a exponerlo a esto otra vez.
No podés desistir. No ahora después de 14 años.
No desisto. Que lean lo que ya dijeron. Está todo escrito en las 2500 fojas, que lean. No voy a exponer la salud de los testigos, no los voy a poner en riesgo.
Sabía , al igual que el deudor, que ningún nuevo juez lee 2500 fojas.
Hicieron lugar a un nuevo juicio civil, en otro juzgado con otros jueces desafiando el fallo de cámara. Ahora el juicio era contra ella por haber osado reclamar una deuda. Y por haber osado ganarla dos veces. Y por haber osado salir airosa de un juicio penal.
Perdimos, le dijo la abogada hoy, y el fallo dice cosas muy feas.
No me las leas, decime cuanto tengo que pagar por favor.
La deuda existe pero nadie va a pagarla.
Se equivoca, sí alguien sí, va a pagarla ella.
Nos gobierna el mal escribe Maria Rosa Frega en face. Va a notas buscando la frase que dieron en el taller literario: La vida era otra cosa. La frase no la inspira. Pero el taller la inspiró y sabe que va a escribir.
Retrocede hasta aquel día de esperanza ¡Ganamos el juicio! ¡Ganamos en cámara! ¡Ganamos el juicio penal! Reconocen la deuda y sos inocente! Pero después de todos los triunfos del derecho procesal con tres juicios ganados hicieron lugar a un cuarto juicio y la agarraron cansada. Igual ella ahora va a pagar. De algún modo siente alivio. No siente la derrota.
La radio replica las palabras del padre de Micaela. Siento cierto alivio, dice, no queremos justicia por mano propia, queremos luchar por un mundo mejor.
Ama a su hija, piensa, la sigue amando.
La banalidad del bien escribe hoy Chiabrando en Página 12.
Ve caer la catarata de agua que baja de las veredas de sus vecinos limpiando todo. No sabe que la ciudad se está inundando porque su nueva casa está en la zona más alta.
No sabe.
No baja del auto porque llueve muy fuerte. Busca otra frase de taller: cuando no hay otro motivo. Empieza a escribir.
Cocó Galli

