Es buenísimo llegar temprano, no hay casi gente. Debería hacerlo más seguido, todo lo otro puede esperar. Y, para dormir hasta tarde, tengo todos los domingos del invierno. Es tan corto el verano. ¿Es de gaviotas ese graznido? Acá estoy bien. Ni tan cerca de las carpas, ni tan pegada a la orilla, la arena mojada es dura para estar sentada. Ni loca me traigo la reposera. Además el calorcito de la arena seca en el culo es un placer inigualable. Qué nítido se escucha el mar. ¿De qué dirección era que tenía que soplar el viento para que se escuche así? ¿Sur? Pero si fuera del sur, haría más frío, y está linda la brisa. Acaricia. Un lujo. Es como un arrorró ese sonido, y no para nunca. Debe ser horrible un mar mudo. Como un cielo sin pájaros. No hay nadie bañándose todavía, ¿estará fría el agua? El pronóstico dice que va a hacer mucho calor hoy. Menos mal porque no viene muy generoso el clima este verano. Después me meto, ahora quiero estar quieta y calmarme. Estar acá y ahora. Estar. Aprovechar el contexto. El yoga y la meditación están empezando a dar frutos. Al fin. Y es cierto, todo pasa, y todo llega. Es lindo poder habitar el presente. Inhalo, el aire que entra es tibio, exhalo, la brisita me acaricia, ¿quemará mucho el sol a esta hora? Tengo que ponerme protector, inhalo, busco el espacio entre clavículas, exhalo, suelto lo que incomoda, el calor del viaje en colectivo hasta acá por ejemplo.
Qué temprano entran a trabajar los guardavidas. ¿Vendrá Silvia? No me fijé si me respondió. Bueno, si viene me llamará. ¿Traje el protector?
Cuántos recuerdos tengo en la playa. ¿Fue en esta que vi por primera vez el mar? Ay, no sé, no estoy segura, pero qué sensación indescriptible, tuve que aferrarme a la mano de papá, era imponente el movimiento, demasiada la fuerza. Eran lindos los veranos que vacacionábamos en familia, esos tiempos de descanso y diversión continuada, y con qué poco lo pasabamos bien. Heladerita, sombrilla, barrenador para Esteban, pala y balde para mí. Las piletas que me hacía papá en la orilla eran las mejores. Y el sol no quemaba tanto. Bronceador usaba mamá. Rayito de sol, manchaba toda la ropa. Y no nos lo prestaba. Qué piel tenía. Este protector es mucho más liviano. ¿Tengo todavía la marca de la vez que me picó el agua viva? Cómo ardió. Acá está, muy tenue, pero está. Creo que ahí fue cuando empecé a tenerle más miedo al mar. Nunca le tuve demasiada confianza. Es tan hermoso como intimidante. Parece que está vivo, es tan temperamental. No sé si en Brasil también será así. Mis hijos, por suerte tuvieron al padre, que si era por mí… Tuvieron suerte de nacer acá. No podría volver a vivir en una ciudad sin mar. ¿Ese nene en la escollera está solito?
Silvia no viene. Qué bueno. Mejor. No tengo ganas de hablar con nadie hoy. Ni de hablar, ni de andar respondiendo más mensajes. Que no jodan.
Silencio. Tengo silencio adentro. ¿Tengo? Si pudiera parar un instante al menos de pensar. Busco el silencio. El aire adentro. Aire de mar. Ya está, estoy centrada. Ya pasó el agobio de diciembre. Qué mes de locura. Estamos todos locos. Está empezando a llegar gente. Se ve bien el casino desde acá. Es emblemático el edificio. Es una raza la gente que lo habita. Los empleados, bueno, pero los apostadores, pobres. Qué lujo poder estar acá apreciando esta vista. ¿Cuántas personas quisieran estar ahora mismo en este lugar? La panadera de la esquina, por ejemplo. O el colectivero. Pero qué poca costa nos queda a los que venimos a la playa pública. Yo no sé, cada verano menos arena y más servicios pagos. Tampoco gastaría en una carpa para mí sola. Deben salir una fortuna. Y balneario con pileta, me parece tan al pedo la pileta en la playa. Además, es un rato nomás. Me espera un día largo, tengo que aprovechar el franco. Suerte que hoy puedo estar acá.
Acá.
¿Está crecido el mar o me parece? Bueno, estoy cómoda. Está buena la sombrilla que puso ese señor allá adelante, tiene una copa enorme aunque para mí sola sería demasiado. Qué bronceado está. Café, café, calentito el café. Ah, pero no me dí cuenta, qué boba, la sombrilla se la alquilaron los guardavidas. ¿Cuánto saldrá? Me encanta el dibujo que hace la ola cuando se retira, ese renglón de espuma que borra la siguiente. Cuando era chica me divertía saltarlo.
¿Y el nene que estaba en la escollera? Mallita roja tenía. No lo veo…
Está buenísimo el mate. ¿Vendrá mucho turismo esta temporada? Con el calor que hay pronosticado para hoy, seguro que en un rato esto explota. Y no sólo de veraneantes…
Ya hay bastante gente. Las playas céntricas tienen eso, se llenan rápido. Pero acá estoy bien ubicada, la escollera me protege bastante del viento. Y la arena me ayuda a distender los músculos de la espalda. Qué olor a choclo, ¿tan temprano?
Bueno.
Nada es perfecto.
Ni siquiera en verano. Mucho menos en enero y en Las Toscas.
No, no tengo remedio. Con el kilombo de gente que es esto me vengo a quedar dormida. Qué calor hace. Tengo sed. Me arde el pecho. ¿Me habré quemado mucho? Por suerte no se terminó de derretir el hielo en la botellita, está fresquita el agua todavía. Hay agua mineral, gaseosas. Hay cerveza fría, agua mineral, gaseosaaas. ¿Será el mismo vendedor de cuando venía con mis viejos? No creo. Se debe haber muerto. Qué trabajo sacrificado además. Caminar por la arena, vestido, con el calor, esquivando gente y cargando todo ese peso en los hombros. Mirá el gordito ese qué bien gambetea. No entiendo a la gente que se sumerge en el celular estando en la playa. Y cada vez son más. En el colectivo, vaya y pase, pero acá… Hay churros, crocantes, calentitos los churrooooosss… Amo las sombrillas blancas. Aunque esas de gajos coloridos están buenísimas también. Ay, esa estampada con barquitos es mortal. Debe tener casi tantos años como yo. ¡Y los flecos todavía resisten! Qué lindo cómo se mueven con el viento. ¿Me volveré a poner protector? Me duele un poco la cintura. En un ratito, supongo, me tengo que ir. ¿A ver qué hora es?
Hay sanguches, fresquitos, baratitos los sánguches…
Nada de hambre tengo. Está bueno esto de desayunar bien antes de salir. Tenía razón la nutricionista. Está raro el mar. Está bajando mucho. Se ven marrones las olas a trasluz. ¿O serán algas? Dicen que hacen bien a la piel. Tantas cosas dicen. ¿Saldrá si le saco una foto? Agh, qué olor a marihuana. Ese perro se parece al Toby, no para de ladrar. No entiendo por qué los traen a la playa. Sufren un montón. No se ve casi al mar y esos que se armaron la cancha de tejo están locos. No está bien ocupar tanto espacio cuando estamos uno pegado al otro. Justo esta familia se me puso al lado. Ah, pero el nenito de la mallita roja está con ellos.
Respiro. Estoy en calma.
¿Habremos sido así de ruidosos cuando veníamos en familia con los chicos, chicos? Una tortura. ¿No podrán bajar un toque el volumen del parlante aunque sea?
Agudizo de los sentidos. Habito el presente. Este presente.
¿Qué hora será? No puedo encontrar el teléfono. La puta madre que los remil parió, ¿Me lo robaron cuando me quedé dormida? Es una locura la cantidad de gente que hay, así no puedo relajar. ¿Qué les pasa a los guardavidas que están como locos con el silbato? Ay, no. Acá está. Pero esto es un kilombo.
Ensalada de frutas, frresquita la ensalada de frutas… Bueno, es demasiado, me voy a terminar de meditar en casa, tiene razón la profe, el viaje siempre es hacia adentro.
Luciana Balanesi

