#LaPalabraPrecisa

#286

01/11/2019

 

Aguacero

Bernabé Tolosa

 

1-

Solo me importa que llueva. Y ahora llueve fuerte y se escucha fuerte también y sostenido.

Pienso si es mejor disfrutarla con los ojos abiertos o mejor los cierro. Igual,  la oscuridad lo cubre todo. Solo la lluvia se escucha. Y se escucha tanto que casi la veo.

No hay sueño. Y así prefiero que sea. Solo me importa la lluvia.

Es la misma lluvia de mi infancia. La reconozco por la fuerza con la que cae sobre el techo y lo mantenida en el tiempo. Como mi nostalgia.

Ahí me encuentro. Bajo esa lluvia y en silencio me encuentro. Empapado por la oscuridad y cubierto por la lluvia.  La misma lluvia que empuja a los fantasmas.

¿También es el mismo silencio de ayer? Aquel que empapaba y sonaba como esta lluvia de hoy. ¿O acaso es la misma lluvia que absolutiza todo?

Este vacío me atormenta. (Qué  interesante palabra atormentar. En la antigüedad latina, tormentum señalaba a  una máquina de guerra que lanzaba proyectiles sobre los poblados. Así,  una verdadera lluvia de proyectiles asediaba al enemigo antes de la invasión. Algunas voces dice que mucho más tarde, por el siglo XII comenzó, y partiendo del francés, a usarse con el sentido de borrasca, precipitación o tempestad. Hoy también puede ir desde causar una gran angustia, hasta celos. Asimismo puedo hablar de una pena corporal), perdón por el rodeo, todo era para decir que esta tormenta me atormenta. Que sigue lloviendo y yo sigo “entre” aquel que fui y este que soy, casi como si no fuera el mismo.

 

2-

Recorro la calle como si fuera la primera vez. Como si nunca hubiese pasado a través de ella. O sobre ella.

La tierra suelta, las plantas de mostacillas que ya no están. Más vacío. Muy lejos quedaron aquellos barcos, los castillos, mis trincheras.

Antiguamente, justo al lado, había una casa hecha a medias. Sin techo, sin sus ventanas. Aquella otra casa de la infancia. Mi hoy se despliega en ella. O desde ella. Un juego como escenario de un juego. Como jugar a descubrir quién soy a través del que fui.

Camino y se escucha un silencio que solo se ve interrumpido por el sonido de mis pasos sobre las piedras de la calle. No sé explicarlo. Solo lo siento. Es el mismo ruido de día o de noche. Es el mismo sentido,  en realidad. El de ayer y este de hoy.

Pateo una piedra que sobrevuela al resto. La pateo fuerte y levanta mucho polvo. Va en busca de la infancia y yo con ella. ¿Buscarla o recuperarla? Llega lejos como en la búsqueda. Pero no tanto. El polvo cae sobre mis borceguíes que rápidamente se convierten en All star amarillas. La piedra cambia de dirección. No quiero que se vaya tan lejos, no quiero que se vaya del todo, si no parece que está huyendo.

Esta calle se parece mucho a aquella, pero sé que no es real. No importa. El peso de mi nostalgia no impide que pueda recorrerla de nuevo como si fuera esa  vez aunque pierda algo en el camino o pague a destiempo.

Miro para atrás y veo que apenas he recorrido 40 o 50 metros. O años, no sé. Miro el cielo y veo las nubes de la siesta. Me convenzo de que fueron años.

Pasa un coche. Me saludan. Devuelvo el saludo sin saber quién es o por qué lo hago. Él tampoco lo sabe. ¿A quién se le ocurre andar caminando a estas horas por una calle de tierra o de años?

La calle en silencio de nuevo. No pasa nada. Aun así, pasa algo.

El vacío trae voces. Siempre las trae. Me pregunto, como ayer, desde dónde. ¿O están conmigo desde siempre? ¿Ellas me sienten a mí? ¿Me sintieron ayer?  Quizás algún día sea yo también una de esas voces.

Ya casi llego a la esquina. Me cuesta reconocerla. Pero son las mismas calles. Hago esquina con ellas desde hace mucho. Ahora me cruzan, pero desde acá se ve todo algo distinto. Me entorpece la distancia la nostalgia. Antes me parecían más largas o sentía que el tiempo pasaba más lentamente y yo tardaba más en recorrerlas. ¿Más camino recorrido o menos tiempo para hacerlo?

De pronto se oscurece. Me apropio de ese otro viaje. Vuelvo sobre mis pasos. Me veo volviendo y recordando y me recuerdo volviendo. El camino parece fácil de andar, al menos hoy que ya pasé por allí.

Parece el mismo, pero no lo es. Cambio él, cambie yo, cambia el recuerdo. Intento resistir, pero sé que es imposible. De todo, sé que solo queda esta calle.

Comienza a llover. Todo se oscurece. Hasta las sombras se oscurecen y se van.  No quiero quedarme ahí todo empapado de silencio y cubierto por el agua. La tormenta me atormenta. Cierro los ojos y noto que me sostiene de la mano. Que me lleva en el asiento de atrás de la bicicleta. Quiero creerlo, pero la lluvia se impone.

Mirándola, mojándome, lo siento. La lluvia crea mi ánimo. No refleja nada, todo lo crea. Es una lluvia que,  como todo, aparece  y luego nos deja. Llueve porque sí y para que yo pueda tenerlo de nuevo.

Solo queda esta calle. Y la lluvia que también pasará, pero no sin antes ayudarnos a evitar que nos desconozcamos a nosotros mismos.

 

 

Bernabé Tolosa nació en General Pirán en 1974. Vive en Mar del Plata desde el año 1993. Es periodista y profesor de lengua y literatura. Dio clases en nivel secundario y terciario. Escribe sobre libros en el diario digital 0223.com.ar y hace radio en Radio 10 Mar del Plata.

 

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